Carola Baños.
Cómo fundar un negocio con un top

26.VI.2019
Texto de
Foto de Aida López

Carola iba vestida con una falda midi oscura con florecitas blancas, americana negra, sandalias de tacón medio de color rosa viejo y unos pendientes con forma de conchas doradas, de los que colgaban perlas. Desprendía una elegancia clásica y juvenil, la misma que emanan las piezas que crea en Aware Clothing, su tienda de moda. Nos dirigimos al Café Turó, en el barrio de Sarrià en Barcelona, y me empezó a contar cómo llegó a fundar el negocio que le ha cambiado la vida.

Judit Herrera: Dime, Carola, ¿cómo surgió la idea? 

Carola Baños: Mi madre es diseñadora y mi abuela era costurera. De pequeña, yo diseñaba prendas en casa y mi madre las cosía: vestidos de cumpleaños, piezas para ocasiones especiales… Me encantaba el sector, pero aun así, pensando en el futuro, estudié Publicidad y Relaciones Públicas. Más tarde cursé un Posgrado en Investigación de Tendencias. Pero todo esto, la tienda, comenzó con un top. Un top que todavía vendo, por cierto. Se llama Mykonos y es multiposición. 

Yo estaba en un momento muy complicado. No sabía qué hacer con mi vida, no sabía hacia dónde avanzar. Para abstraerme de todo, me inventé un top y lo produje con mi madre. Luego creé una cuenta de Instagram, puse un mail de contacto y subí algunas fotos llevándolo. Un día, me escribió una chica que estaba interesada en el top. Compré varias telas en un mercadillo y mi madre lo cosió. A partir de esa venta, otras chicas escribieron.

J: ¿Cómo se convirtió en negocio?

C: Han sido cuatro años en los que hemos crecido mucho como marca. Al principio estaba sola en esto, y mi madre y mi abuela me ayudaban en sus ratos libres. Ahora, en cambio, mi madre se ha incorporado de lleno en el proyecto. Solo estamos ella y yo; todo lo que no podemos hacer nosotras, lo subcontratamos. 

Nuestro camino ha sido un proceso de aprendizaje sobre la marcha. Todo lo que iba entrando se reinvertía de nuevo en el proyecto, desde los primeros cincuenta euros que puse para comprar telas en un mercadillo hasta ahora. Y todo eso aderezado con mucho trabajo duro.

J: ¿Y la administración de la empresa? 

C: Esta es la mayor carencia del estudiante recién salido de la universidad. Nadie te enseña a gestionar un negocio, y hoy en día todo apunta a que eso es el futuro. Todos vamos a acabar autoempleándonos. Por suerte, encontré una plataforma que se llama Moda22. Es un espacio de coworking, en el Poblenou de Barcelona, enfocado en el mundo de la moda. Antes de descubrirlo, cortábamos las telas y las confeccionábamos a mano, en casa. En Moda22 la producción comenzó a escalar. 

No tenemos una cadena de producción unificada, lo que complica un poco las cosas. Nuestro taller de corte y el de confección están en sitios diferentes.

J: ¿Cuál es el proceso de producción? 

C: Lo primero es investigar las tendencias y elaborar el diseño. Eso lo hacemos mi madre y yo. Hacemos un dibujo, buscamos el tejido más apropiado, encontramos proveedores que tengan dicho tejido y hacemos el patronaje. De esto último suele encargarse mi madre. Luego subcontratamos la digitalización del patrón, que permite escalarlo, es decir, adaptarlo a todas las tallas. Ya en Moda22, con su sistema de patronaje industrial y su sistema de corte, ponemos el tejido en máquinas industriales, le aplicamos el patronaje digitalizado y lo cortamos. En treinta minutos se pueden cortar entre cien y doscientas piezas. Cuando tenemos la tela cortada y lista, la llevamos a nuestros talleres de confianza para coserlo. Lo más complicado es alinear todos estos pasos para dejar las piezas listas.

Intervenimos directamente en todas las facetas de nuestra empresa. Incluso me encargo de la promoción y venta online y del imaginario de la marca. 

J: ¿Dirías que tus piezas son caras?

C: Estoy convencida de que el precio es totalmente justo por todo el trabajo que hay detrás de cada prenda. Vendemos a precios bastante ajustados, porque todas las personas que trabajan para nosotras lo hacen de manera óptima y cobran justamente. Eso tiene un precio. 

Se pueden ajustar los precios cuando se vende a una escala mucho mayor o cuando se reducen los costes de producción. Pero, teniendo en cuenta que se produce todo aquí, en Barcelona, el precio es más que justo. 

J: ¿Qué opinión te merecen las multinacionales como Inditex?

C: No soy favorable a ellas, pero tampoco soy una radical. Ahora mismo llevo una falda de Inditex. 

Pero no me gustan sus condiciones de trabajo. Yo sé lo que cuesta producir una pieza aquí, en Europa, e incluso uso los mismos tejidos que ellos, y me pregunto cómo es posible que puedan vender a según qué precios. Es inviable. Se tiene que estar abusando de alguien para vender tan barato.

A mí me gusta la moda y me gusta variar. No puedo permitirme comprar de todas las marcas que me gustaría y por ello también acabo acudiendo a grandes multinacionales. Pero, de vez en cuando, procuro comprar prendas de marcas que producen localmente. Me van a tratar mejor, me lo van a agradecer muchísimo más y voy a llevar algo especial, algo que no lleva otra persona. Yo creo en ese equilibrio. 

J: ¿Qué opinas del consumismo en la moda? 

C: Creo que tenemos que empezar a tomar conciencia. Estamos consumiendo demasiado. Se nos generan muchas necesidades, sobre todo a través de redes como Instagram. ¡Comprar, comprar, comprar! Quizá no hace falta comprar tanto. A mí me gusta mucho usar una prenda de diferentes formas, y lo intento aplicar a mi marca. Nuestras piezas son para eventos, pero están hechas de forma que, combinadas con prendas informales, pueden servir para ocasiones menos exigentes. Compras una prenda un poco más cara, sí, pero no te la pondrás un solo día. Eso me da mucha pena, y con la ropa de eventos ocurre demasiado. 

J: Y tú, ¿te compras mucha ropa?

C: Pues mira, cada vez me compro menos. Cuando empecé con Aware sentía la necesidad de validarme a mí misma. Estaba con la autoestima muy baja, era un momento complicado. Al principio era yo misma la que mostraba las piezas en las fotos de nuestros productos. Pero, poco a poco, a medida que he ido madurando, he ido centrándome más en el negocio y he dejado las fotos de lado. Ahora consumo menos y lo hago más conscientemente. 

Lo que más me emociona de nuestro proyecto es que estamos enfocándonos en días especiales en la vida de nuestras clientas, días en los que quieren comprar algo para sentirse bien y sentirse únicas. Veo que lo compran con ilusión. No se trata de una compra impulsiva, sino que tiene un trasfondo más bonito, la celebración de algo especial. Yo no quiero vender por vender. Estar vinculada a esta sensación me satisface mucho más. 

J: El mundo de la moda tiene muchos detractores, personas que no se lo toman en serio y lo asocian a banalidades. ¿De qué lado estás?

C: Como he dicho, lo que menos me gusta es el consumismo extremo —¡y que lo diga yo!—, y también la farándula que hay detrás: los desfiles, los egos de los diseñadores, los personajes… Nada de eso hace bien a la moda, y no creo que sea necesario. Yo vivo la moda como algo más humilde y artesanal. No me gusta nada el show que la envuelve, me parece superficial. 

J: Y las modelos y las tallas…

C: Uno de mis objetivos principales es conseguir una marca inclusiva. Empecé Aware con diseños extremos, ropa que no es apta para todos los cuerpos. Producíamos muchas prendas con escotes muy pronunciados, por ejemplo. Diseñaba para mí, y no pensé en la venda para otras mujeres en particular. 

Las necesidades del mercado son muy diversas, y es difícil satisfacer a todo el mundo. Nosotras producimos desde la talla S hasta la XL. Queremos incorporar más modelos con cuerpos diversos, pero para eso necesitamos un equipo de patronistas especializados. A veces recibo críticas sobre este asunto, y se me clavan en el alma. Pero no se me puede pedir que trabaje como una multinacional de la noche a la mañana. Como empresa pequeña, tenemos que invertir en aquello que nos genera demanda. Quienes realmente podrían aportar soluciones no lo hacen, ahí está el verdadero problema. 

J: Tus tiendas preferidas.

C: Por un lado, como marca y referente de estilo, mi favorita es Yves Saint-Laurent. También hay marcas de emprendedores que conozco y me gustan, como Lia Swimwear —ropa de baño—, María Albertín —zapatos—, Laagam —para ropa casual— y Rita Row —mi referente de moda ética.

Por último, las marcas internacionales que me inspiran son Orseund Iris —mi obsesión ahora mismo— y Magda Butrym. 

Si te paseas por la zona de las calles de Santaló y Laforja, en Barcelona, verás que están llenas de tiendecitas de emprendedoras que han nacido en Instagram y han acabado aquí, como yo. Todas empezamos más o menos al mismo tiempo.

Lo triste es que las marcas pequeñitas no podemos competir con el estilo de ropa que comprarías en Zara. Nos queda un tipo de diseño muy vanguardista o muy alternativo, o invertir en eventos; no podemos meternos en la ropa del día a día, porque la batalla de precios está perdida antes de empezar. Zara ya imita a todas las marcas pequeñitas y hace su estilo más asequible. 

J: Última pregunta: Aware Clothing, ¿de dónde sale el nombre?

C: Aware es una palabra japonesa que describe la sensación agridulce de vivir el momento presente. Es una expresión que se utiliza en el festival de Sakura o de los cerezos. Las flores de este árbol, que solo duran una semana, constituyen la máxima expresión del aware por lo efímero de su hermosura. Esa es la sensación que quiero sentir cuando me pongo algo especial; quiero sentir esa belleza fugaz. 

Cuando empecé con Aware, estaba en un centro de anorexia. Esta marca me ha ayudado a descubrir quién soy, a tomar consciencia de mí misma. Me ha cambiado la vida.

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