Claire Keegan.
Las historias no quieren
ser contadas

3.V.2019
Texto de
Foto de Claudia Laborda

¿Quién es Claire Keegan?

“Stories don’t want to be told”, afirma Claire Keegan (1968, County Wexford, Irlanda). Así mismo, esta autora no parece preocuparse porque no se hable demasiado de ella. A pesar de haber cosechado importantes premios y de estar traducida a más de quince lenguas, ella, al igual que sus historias, no espera ser descubierta. 

Keegan pertenece a ese selecto grupo de escritores capaces de emocionarnos y enseñarnos algo nuevo sobre nosotros mismos. Es, sin duda, una de las escritoras de relato corto más importantes de nuestro tiempo.

Keegan y su amor por el relato

Keegan debutó en 1999 con Antártida, un libro de relatos que se hizo con el Rooney Prize for Irish Literature y que ha sido traducido a múltiples idiomas. En 2007 publicó Recorre los campos azules, con el que logró un gran éxito de crítica y la consecución del Edge Hill Prize. Siguió con la pequeña novela Tres luces en 2010, que ganó el Davy Byrnes Irish Writing Award y de la que te hablaré más adelante. En marzo de este mismo 2019, Keegan publicó The Forester’s Daughter (no traducido), un nuevo conjunto de relatos que comparten Irlanda como telón de fondo.

Cuando no está escribiendo, Keegan imparte cursos de ficción donde explora los mecanismos de escritura y la estructura narrativa; enseña cómo escribir relatos, y también cómo no escribirlos. A menudo se la encuentra defendiendo el relato de los que lo tildan de género menor. Su fuerte carácter y determinación me recuerdan a algunas profesoras que de pequeña admiraba y temía al mismo tiempo.

“El relato es un acto de imaginación extraordinario”, afirmó en un acto del Short Story Festival en 2017. “Su alto nivel de intensidad provoca que no pueda sostener una extensión narrativa de doscientas o trescientas páginas. Lo que se cuenta es tan importante como lo que no se cuenta, y lo que no se cuenta puede llegar a sugerir mucho más que lo que se escribiría en una novela. Creo que afirmar que es un género menor es condescendiente”.

Irlanda, el mundo rural y el papel de la mujer

Los relatos de Keegan son atemporales. Sus personajes están fuertemente ligados a la tierra y a las leyes que impone la Iglesia, que los personajes respetan fielmente. El amor es un capricho; el trabajo, un deber sagrado, y la familia, una necesidad. 

Los personajes transitan por la vida soñando en aquello que anhelan y planeando lo que no podrán llegar a materializar, aislados de un presente del que no esperan nada. “La mayor parte de su vida giró alrededor de cosas que nunca sucedieron”, escribe en The Forester’s Daughter sobre una madre que descubre que no quiere a su marido y que su vida como ama de casa la hace infeliz. 

El proceso de escritura de Keegan

Los relatos de Keegan nacen de la voluntad de dar sentido a una imagen que ha captado su atención. La autora afirma que, antes de empezar, no tiene definidos ni la trama ni los personajes. No quiere saber lo que les va a ocurrir, porque todavía no los conoce, explica. Ella prefiere seguirlos desde una cierta distancia, y dejar que ellos le presenten el mundo a través de sus ojos.

Su estilo recuerda al de los cuentos clásicos: conciso, austero y de aparente sencillez. No obstante, te lleva a cuestionarte continuamente la forma en que piensas y a emocionarte de forma inesperada. Leyendo a Keegan, tienes la sensación de sostener un objeto peligroso; no sabes cómo ni cuándo va a explotar. 

La autora no quiere contar todo lo que piensa, ni tampoco dar un punto de vista que permita definir claramente la historia. “Toda buena escritura es sugestión. Toda mala escritura es afirmación”, señala en su taller de escritura. Keegan deja el análisis y las conclusiones al lector, al que considera inteligente. Son los buenos libros, asegura, los que te permiten aprender algo de ti mismo.

Tres luces, foto de Claudia Laborda

Tres luces, mi favorito

Como ya he comentado antes, Tres luces se hizo en 2009 con el prestigioso premio Davy Byrnes Irish Writing Award. Richard Ford, que presidía el jurado, calificó a Keegan de “sparkling talent” —talento resplandeciente—. Posteriormente, en 2010, el texto se publicó en The New Yorker

En Tres luces, la historia de una niña que queda al cuidado de un matrimonio de granjeros desconocidos sin saber si volverá a casa, aparecen muchos de los temas que conforman el imaginario de la autora. 

En la descripción del día a día en la granja, la autora reproduce uno de los retratos más crudos y tiernos sobre la Irlanda rural, la niñez, el amor y la familia. Keegan habla del hogar como un lugar inhóspito; de la madre, como un objeto que crea vida, pero que no tiene tiempo para dar amor a los hijos; del padre, como proveedor de la familia, una figura desconocida y a menudo temible. 

La brevedad de la obra, de noventa y seis páginas, ofrece una primera lectura rápida, pero su universo pide muchas relecturas. Léela y, cuando la termines, corre a recomendarla.

Tres luces, con traducción de Jorge Fondebrider, está publicada por la editorial Eterna Cadencia. ¡Que disfrutéis la lectura!

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