Cómo vivir de la creatividad,
con Leah Goren

20.VIII.2018
Texto de
Foto de Julia Hembree

Leah Reena Goren es una ilustradora y diseñadora afincada en Brookly, Nueva York. Trabaja con patrones que utiliza en textiles y todo tipo de superficies, y también dibuja de manera autónoma. Su obra es una mezcla de colores vivos, elementos de la naturaleza y una gran diversidad de mujeres.

Además de su trabajo como ilustradora, Leah ha participado en varios libros. Uno de ellos es Bestiescreación totalmente propia en la que retrata la amistad entre mujeres de manera muy desenfadada; y el otro es Ladies Drawing Night, donde se reúne con otras artistas para compartir ideas de oficio e inpiración. 

Dos páginas de Besties

Una de las cosas más destacables de Leah es la relación entre su éxito y su edad. Con tan solo 29 años ya ha construido un negocio rentable haciendo lo que más le gusta: el arte.

Judit Herrera: Cuéntanos, ¿cómo has llegado a donde estás ahora?

Leah Goren: Ahora tengo 29 años, y me gradué en la Escuela de Diseño de Parsons en 2012. Comenzar un negocio nunca fue del todo una decisión consciente, pero siempre creaba cosas y las compartía con los demás. Empecé a publicar mi trabajo en Internet y, de algún modo, tuve suficiente suerte para llegar a donde estoy ahora. Creo que siempre he tenido una buena intuición para saber lo que la gente quiere ver y analizar las tendencias.

J: ¿Cómo has conseguido vivir de tu arte?

L: He crecido poco a poco con el tiempo desde que acabé la universidad. Al principio vivía de los productos hechos a mano que vendía online, y he ido trabajando para generar más dinero de la ilustración y menos de las ventas de productos. Aún hago ambos, ¡y soy muy afortunada de tener una audiencia que aún valora y quiere comprar mi trabajo!

J: ¿Cómo llegaste a componer tu estilo?

L:  Me llevó muchos años, pero empleé mi etapa de universidad en probar todo tipo de materiales y encontrar lo que me gustaba y lo que no. Requiere mucho tiempo adaptarse a un determinado tipo de pincel o set de herramientas, ¡sin mencionar el aprender a emplearlos de la manera que uno quiere! Con el paso del tiempo he identificado las pequeñas cosas que me gustaban y las que no me gustaban de mi trabajo, y he tratado de perfeccionarlas hasta llegar algo que me guste de verdad. El proceso es imprevisible. No quiero tener el mismo estilo toda mi vida; tampoco creo que eso sea posible.

J: ¿Por qué mujeres, naturaleza y animales?

L: Simplemente son temas que me atraen, así que los pinto. Sin embargo, disfruto pintando cualquier cosa para un cliente, y me encantan los proyectos que me empujan fuera de mi zona de confort.

J: ¿De dónde sacas inspiración para componer tus alegres paletas?

L: Elijo los colores de manera bastante orgánica, y tengo una idea de lo que quiero sin tener que sujetarme a nada de lo que me rodea. A veces tomo fotos de la naturaleza o del arte, y creo que me va a servir luego, ¡pero no las uso nunca! Creo que el mirar constantemente a mi alrededor e interiorizar lo que veo es suficiente. Además, tomé clases de teoría del color en la universidad y siempre me han acompañado. Pienso en colores complementarios, tríadas y tétradas de manera bastante automática.

J: ¿Qué herramientas utilizas? 

L: Uso pinceles pequeños, de punta fina, y pintura guache, ambos de la marca Winsor & Newton. Me encanta experimentar los diferentes medios, pero estos son con los que más cómoda me siento, y los escojo siempre para mi trabajo comercial.

Trabajo para la revista WOOLLY

J: Has trabajado con grandes compañías como Urban Outfitters, Anthropologie, Kate Spade o Revlon. ¿Crees que la gente valora más algo creado por un artista?

L: Yo creo que las grandes empresas que hacen esas colaboraciones buscan algo especial y diferente a lo que ofrecen normalmente. Poner el nombre de un artista en un producto añade humanidad al proyecto, sin importar cuán grande y comercial sea.

Láminas para la colección de verano de Urban Outfitters

J: Cuando empezaste tu negocio, el trabajo hecho a mano era muy valorado. ¿Eso ha cambiado?

L: ¡Muy buena observación! Yo empecé vendiendo trabajo hecho a mano en Etsy por el 2011 y 2012, mientras estaba en la universidad. Por aquél entonces era una gran tendencia en Internet. Yo era una estudiante pobre que no podía ofrecer nada más que lo que pudieran crear sus manos; y convenientemente eso era muy popular en el momento. Con el nacimiento de Instagram, estas tendencias se esparcieron por el mundo: los artesanos se convirtieron en marcas, y la imagen se volvió más tramposa. Creo que el trabajo manual aún se valora, pero ahora se espera que la presentación del producto destaque, y que la marca sea de una determinada manera. Todo se está empezando a parecer más y más. Yo aún hago y vendo mis cerámicas, pero he evolucionado para que mi tienda sea una pequeña parte de lo que hago, y me centro en la ilustración freelance – ¡es lo que siempre he querido hacer, así que está muy bien!-.

J: Nos encanta tu trabajo con la cerámica. ¿Cómo aprendiste a trabajarla? ¿Es más laboriosa que trabajar con pinceles?

L: ¡Gracias! Empecé haciendo cerámica con mi madre en 2012, porque ella era profesora de arte y tenía un horno en su aula. A partir de ahí, empecé a tomar clases y a aprender la técnica en profundidad. Definitivamente, es más laborioso que simplemente trabajar con papel y pintura, porque el proceso tiene muchos pasos, y el final del producto es imprevisible – ¡dentro del horno puede pasar cualquier cosa!-. Pero es muy gratificante conseguir una pieza funcional al final, de una manera que el dibujo no consigue.

Cerámicas para Antrhopologie

J: ¿Ser joven y mujer ha afectado tu carrera profesional de alguna manera?

L: Es difícil saber cuán diferente mi carrera es de la de los hombres, porque solo he vivido mi realidad desde mi perspectiva, pero tengo una corazonada basada en cómo me siento y en lo que he observado y oído de los demás. Ser joven, mujer y también una persona pequeña me ha hecho internalizar sentimientos de duda que no creo que los hombres lleven consigo.

J: ¿Crees que se tiene un concepto idealizado de vivir del arte?

L: Tal vez, aunque es difícil ver lo que otros ven. Yo creo que tengo una vida bastante normal, me despierto y trabajo todos los días de la semana.

J: ¿Crees que vivir en Nueva York ha facilitado tu visibilidad como artista?

L: Nueva York ha sido el mejor lugar en el que podría haber estado. En la universidad de aquí conocí a muchos profesores que más tarde se convirtieron en mis amigos y mentores. Y la comunidad de ilustradores fue muy solidaria conmigo. En muchas otras ciudades solo hay unos cuantos ilustradores, pero aquí hay muchos profesionales afines, y gran cantidad de eventos donde podemos reunirnos todos.

“Estanterías desnudas”, para The Newyorker

J: ¿Qué crees que te hace única?

L: Soy consciente de que tengo un estilo muy aceptado comercialmente ahora mismo, como muchos, muchos otros ilustradores en la misma línea que yo. Pero espero que, porque sé que todo está en mis manos, nadie más pueda hacer lo que hago yo.

J: ¿Cuáles son las mejores y peores cosas de ser artista autónoma?

L: Lo mejor es crear mi propia agenda, escoger los proyectos en los que quiero trabajar y tener la libertad de gestionar mi trabajo personal de forma paralela. Lo peor es la incertidumbre de todo esto, el trabajo administrativo, y, ocasionalmente, no salir de casa en días.

Chicas ecuatorianas, para el cuerpo de paz Camp GLOW

J: ¿Cómo te ves en veinte años?

L: Me gustaría tener una hija con la que hacer arte. Y no estar tan preocupada con el éxito comercial como ahora. 

Puedes seguir las novedades de Leah en su cuenta de Instagram y página web.

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