Sobre lo que escriben las mujeres

29.V.2019
Texto de
Foto de Judit Herrera

El año pasado decidí añadir a mi currículo un máster en literatura y cultura. Como si la carrera de Periodismo y la especialización en corrección editorial no complicaran suficientemente mi entrada en el mercado laboral. Pero ¿y qué querías que hiciera? Si a los seis años ya le dije a una prima de mi madre que las mil pesetas que me daba las iba a usar para comprar libros que después alguien me tendría que leer, ¡porque la eme con la a aún no me decía mucho! 

Más adelante, cuando las consonantes acompañadas de vocales me parecían lo más fascinante del mundo, empecé a asaltar cualquier estantería a mi alcance. Me lo leía todo. Mientras mis compañeras de clase apenas llegaban al final de los libros que habían escogido, yo me leía el mío, el suyo e incluso los de mis amigas de otros institutos —“pedante, que eres una pedante”—. Yo qué sé; no había internet, y leer era lo más parecido a un “dejadme en paz, que esto es más interesante”.

Me pasé la adolescencia leyendo. Primero los clásicos juveniles, luego los clásicos-clásicos, algún que otro best seller y, por último, los imprescindibles. Eso sí, en su mayoría escritos por hombres o protagonizados por ellos. Leía historias de aventuras, fantasía o realidad, y de temas tan variopintos como la soledad, la psique humana o las experiencias que un hombre podía vivir. Las mujeres que leía por entonces hablaban fundamentalmente del amor romántico y el príncipe azul. Gracias, chicos; gracias por vuestra colaboración. Fue toda una consideración por vuestra parte hablarme sobre todos esos temas tan elevados —lo digo de verdad. 

De vuelta al presente, y pese a que la literatura feminista ya forma parte de mi vida, me encuentro en ese máster con una clase de estudios de género en la que se nos propone leer libros escritos recientemente por mujeres. Así, en general. Ni rastro de nombres relevantes, tan solo —así me lo parece en el momento— mujeres que escriben libros. Enfadada, escojo una novela cualquiera de la larga lista que se me presenta y, para mi sorpresa, me la bebo en un fin de semana. Entonces, sin que importe si es feminista o no, me doy cuenta de que un nombre de mujer “cualquiera” me habla sobre la menstruación o los cuidados de una hija hacia su madre con depresión tras la muerte repentina del padre. Y, como cuando estaba en el instituto, me leo los libros de mis compañeras y descubro que tratan sobre la maternidad, la eutanasia, el matrimonio homosexual, el aborto, los vientres de alquiler… 

Quizás estas mujeres, sin una posición supuestamente tan elevada, no se adentren en los temas del espíritu humano, pero nos hablan de lo que más necesitamos, de una realidad que nos afecta y de la que precisamos referentes para no sentirnos bichos raros. Los libros, mujeres, salvan. Por eso son necesarias más mujeres que escriban, de lo que sea, pero que escriban desde su perspectiva. Eso nos permite encontrar ese lugar en el mundo que, por supuesto, existe para el resto de nosotras. 

Entradas relacionadas
ÚLTIMOS ARTÍCULOS
10.I.2020

El bar de mala muerte es, ante todo, un antro literal. Sus puertas sucias se abren exclusivamente ante aquellas desgraciadas que sufrieron, como indica el título, una muerte para no recordar.

27.XII.2019

Mi trayectoria como escritora ha sido una especie de peregrinación buscando el escenario y el público donde esa voz mía me resultara más auténtica, y creo que con Flecha por fin he encontrado mi sitio.

21.XII.2019

Este verano dejé la casa de mis padres y me fui a vivir a la gran ciudad. El mismo día, al otro lado del Atlántico, nacía mi primera sobrina, Gina. Desde entonces, ella y mi independencia han ido creciendo de la mano.

21.X.2019

Las mujeres feministas somos un nuevo nicho de mercado, y diariamente salen a la venta productos pensados exclusivamente para nosotras.

Plumín
Aquí te escribo yo, Judit, sobre cosas
que me apetece compartir contigo

SUSCRÍBETE PARA RECIBIR

📮Mails que sí querrás leer
✨Novedades de Habitación Propia
🗞Cosas que no sé dónde poner